
Querido lector
Hay momentos donde la luz del sol invita a navegar por ella. Así fue la primera vez que visitamos el morro junto a Celeste.
Era una tarde hermosa y teníamos que ir a buscar a papá a su trabajo. Ese día estaba trabajando en la hermosa ciudad de Viejo San Juan, donde se ubica el Morro, una estructura española antigua, que cuenta con un enorme patio frontal en donde se ponen algunos de los mejores atardeceres de la Isla. Papá aún no sabía nada de las decisiones que habíamos tomado.
Se acercaba la hora de salir de casa, al mirar por la ventana tomé la decisión de llevarme lo necesario para Celeste y algunos piscolabis para una larga salida. O por lo menos más larga de lo que debería ser. Papá solo sabía que iríamos a buscarlo. Arrancamos de casa en la aventura de buscar estacionamiento por el área aledaña. Para mi sorpresa nos estacionamos más rápido de lo esperado. Pero como “la vida te da sorpresas… sorpresas te da la vida” 🎼. Tampoco esperaba que Celeste se durmiera de inmediato al ponerla en el carrier en adición de que Rolando saliera media hora después de lo pautado.
Con Celeste dormida y sin nadie con quien hablar me comencé a cuestionarme si había sido buena idea todo el trambo de la sorpresa. Me senté a esperar que Rolando saliera y comencé a recordar momentos de la universidad que compartimos juntos. Somos afortunados de que la universidad está ubicada a unos pasos de donde estaba sentada. Por otra parte me puse a mirar las personas que disfrutaban del clima y otras de la arquitectura histórica.
Un tiempo después el teléfono suena; era Rolando. Luego de brindarle mi ubicación veo entre patinadores (skaters), palmas y escalones a un hombre lleno de tereques (pertenencias) pero con la misma sonrisa de siempre. ¿Qué harías con todo eso? me pregunté.
Luego de dejar las cosas en el carro buscamos un spot con sombra, tendimos una frisa y allí nos encontrábamos debajo del árbol donde en algún momento fuimos solo unos recién enamorados, ese día volvimos a sentir mariposas en el estómago pero esta vez había más mariposas ya que se nos unían las de a Celeste.
Celeste se levantó, el aire le dio la bienvenida y como es de saber luego de un rato pidió comida.
Hay momentos donde los planes cambian y para disfrutarlos al máximo es mejor siempre estar preparados, por ello no importando para donde o cuán lejos sea el lugar buscamos llevarnos agua y algunas meriendas. Por otro lado, en el carro siempre tenemos ropa extra, traje de baño 😉 y algunas cosas de emergencia. El estar preparados nos permite vivir más aventuras.
Att: Charlotte Danois
