June 29, 2023

Un día de velas y estrellas

Querido lector

Hace dos semanas te comparti una pizca de lo que fue estar por primera vez sin luz cuidando a un bebé. Hoy detallo desde el sentimiento como realmente fue.

Encender el botón de la luz y no recibir señal de la misma puede ser un poco desesperante pero luego de vivir 8 meses sin conexión eléctrica hay muchas destrezas que se desarrollan al momento de trabajar sin electricidad.

Ahora bien, no es lo mismo cuando esas destrezas involucran un recién nacido. Aunque Celeste para ese momento ya no se cualifica como recién nacido sigue siendo hasta el sol de hoy un bebé pequeño. Te brindare un poco de contexto socio político para que puedas entender aspectos que hacen la situación un poco más desesperante de lo que debería de ser. Vivimos en una Isla donde con el pasar del tiempo las condiciones del tendido eléctrico han ido de mal en peor recibiendo enmiendas que lo único que hacen es retrasar el deterioro. Este año se nos añade la privatización del sistema bajo una compañía que lo que desea es aumentar el costo de la luz para seguir haciendo remiendos. Eso trae como consecuencia que el sistema siga empeorando hasta el punto de que en los meses de verano haya muchos momentos donde se va la luz por la gran demanda. En años pasados era frecuente que para los meses de agosto y septiembre se fuera mucho la luz pero dado a ser el pico de la temporada de huracanes.

Desayuno de esa mañana

Como padres primerizos durante el embarazo nos propusimos diversos escenarios que pudieran pasar y cómo responder a ellas. El trabajar con Celeste sin luz fue uno de esos escenarios que nos planteamos varias veces; no por entretenerme dado a que en casa no hay televisor pero si por sus reservas de alimento y por la temperatura asfixiante. Fue en mayo a penas Celeste con cuatro meses cuando vivimos nuestro primer día sin luz.

Esa mañana salimos a llevar a papá al trabajo y luego de hacer varias diligencias cerca de las 10 regresamos a casa cuando de inmediato nos dimos cuenta que no había luz al encender el abanico. Estábamos soles y me quise dar un tiempo. Luego de darle de comer a Celeste, sudar un poco y guardar la esperanza de que llegaría pronto. Me di cuenta que sería para largo. Al superar una hora me di cuenta que no llegaría. Recogí algunas pertenencias y me movilicé a casa de mi mamá, la abuela de Celeste. Allí estuvimos muy contentas, con fresquito, comida, cargando los dispositivos pensando que recogeríamos a papá y al llegar a casa todo sería normal. Con luz, un poquito de aire, lo típico de las noches en casa. Pero eso estaba muy lejos de la realidad; no había luz.

Teníamos que trazar de inmediato un plan para que Celeste se sintiera cómoda al dormir. Sabemos que si Celeste no descansa bien, mamá y papá tampoco lo hacen.

Por una lado teníamos la extensión de la planta del vecino junto al ruido muy cerca del cuarto dormitorio por lo cual decidimos movilizarnos a la sala. Trajimos el mattre de nuestra cama y Celeste dormiría en el mueble/cama de la sala con un abanico que le soplaba el pelo. Entre velas, sueño y pocas posibilidades de que la luz regresará, luego de un rato seguimos a Celeste en el ritual nocturno; dormir.

Lee aquí todos las cosas lindas que ocurrieron luego.

Mis ojos pesados sintieron un cambio. Poco a poco se fueron abriendo hasta ver un rayo de luz que salía del cuarto iluminando el pasillo. “Llegó la luz” susurre el oído de Rolando. Eran las 2am.


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