
Todos llevamos en nuestro cuerpo marcas que enmarcan un momento de nuestro pasado. Algunas de esas marcas se llaman lunares. Algunos son más grandes que otros, existen de diversos colores y aspectos. Hay personas que tienen más y otros menos pero siguen siendo parte de nuestra construcción.

Tanto Rolando y yo contamos con variedad de lunares a lo largo de la piel así que desde el comienzo de nuestras relación fue un tema de conversación. Ambos contamos con un lunar en la palma de la mano; misma mano posición similar. Por su parte el tiene un lunar muy particular en la espalda baja y yo tengo uno que recoge todo el cuerpo; no siempre se ve porque se confunde con mi color de piel. Sin mencionar que como puertorriqueños contamos con la mancha de plátano, la cual es un lunar o marca que de forma particular tienen los puertorriqueños, algunos desde el comienzo de sus vidas otros se van desarrollando en el proceso. Es una marca que parecería la marca que deja la será de plátano al ser cortado de la mata, a ello se debe el nombre.
El conocer cuál había sido nuestro primer lunar era una pregunta que nos habíamos hecho muchas veces, pero claro que no existía respuesta de nuestros padres. Por ello queríamos estar atentos a cuál sería el primer lunar de Celeste. Para nosotros los lunares son puntos que enmarcan un momento, una vivencia o un grupo de experiencias, aunque tenemos claro que en términos formales son un grupo de células pigmentadas que pueden ser benignas o no.
Cerca de sus tres meses y medio, en uno de esos días que estamos les tres en casa, Rolando le estaba cambiando el pañal y me llama. Luego de mirar varias veces, nuestro corazón se estremeció y pensamos que le había salido su primer lunar. De forma curiosa “estaba” muy cerca de la espalda baja, muy similar al de papá. Le tocamos varias veces pero seguimos con nuestras cosas. Ese día al momento del baño, quise ver más en detalle y ya se había esfumado; solo era algo que se le había pegado y que parecía un lunar. Luego de ese día nuestras atención disminuyó y pensamos que tenía que estar más grande para que le comenzaran a salir.
Entre el tiempo pasar y explorar en nuevas aventuras, Celeste comenzó a estirarse de forma exponencial tanto en peso, largo y actitud. Una tarde, a sus cuatro meses y dos semanas, me encontraba observándola mientras descansaba su sienta y me percaté de un pequeño punto en su pié izquierdo. Era un punto muy particular y sutil; parecía un lunar. Pero no me quise adelantar, ni emocionarme. Intenté tocar con mucho cuidado para que no se levantara y ver si se salía, pero no se fue. Continué viéndolo y me di cuenta que no era superficial y pude percibir que era parte de la misma piel. Aún no lo creía, así que le envié un video a Rolando. El pensó lo mismo pero de igual forma quería estar seguro al momento de verle. Así que en el momento del baño ambos estábamos intrigados por pasarle la toalla y ver si era una marca o si realmente era su primer lunar. Intentamos remover, de varias formas pero con gentileza y no se movía; nos habíamos topado con su primer lunar. Algo perfectamente hermoso. A pesar de aventurarnos a descubrir su primer lunar a lo largo de los primeros meses no sabíamos que podría ser posible darnos cuenta de ello.
Al día de hoy 12 de enero del 2022 su primer y único lunar ha aumentado de tamaño. Esperamos con paciencia y emoción descubrir dónde saldrá el segundo.
Luego de muchos intentos por tirar buenas fotos. Estas fueron las más “enfocadas” que quedaron. Si, estamos en esa etapa de movernos para todos lados.
