
Querido lector
Cuando hablamos de su primer baño, puede que imaginen una escena muy romántica donde las burbujas hacen la entrada a una tina llena de agua y jabón, patitos de hule flotando y Celeste muy sorprendida con su entorno… pero eso solo queda en su imaginario. No existe tal cosa como esa o por lo menos no al momento.
Por otra parte, podrán pensar que el primer baño es el que le dan al salir del útero materno, donde los dejan sin una gota de sangre y lustrosos como los bebés de las fotografías en los wips. Pero esa tampoco fue parte de nuestra realidad. En sus primeras dos semanas de vida su olor inundaba el hogar y para nosotros era algo que debíamos respetar. Con suma delicadeza bañamos su cuerpo con toallitas de agua cálida. Le brindamos tiempo a su cuerpo para que también curará el ombligo y botara el restante del cordón umbilical.
Fue una decisión que atesoro en mi mente, corazón y olfato. Su olor era sumamente espacial, dulce e incomparable. No deseaba que se le fuera, por ello tenía mucho cuidado al pasarle las toallitas con agua. A lo largo de las dos semanas, habiéndose caído el cordón umbilical, sentimos que era momento de regresar al origen; estar rodeada de agua.
Organizamos las cosas siendo unos padres con cero experiencia: la tina, el agua, el jabón y la toalla. Yo conocía la teoría y la experiencia de haber bañado muñecas en el fondo del lavamanos y Rolando tal vez con un poco más de experiencia técnica de haber visto bañar a sus sobrinos. Pero íbamos hacia adelante con un jabón que era completamente natural y hecho a mano con coco y avena. Eso permitía que la experiencia fuera mucho más enriquecedora dejando su piel y las manos de papá y mamá muy suave con un rico olor a avena. El perfecto para su primera experiencia en el baño devolviendo esa sensación de uno con el agua.
Con el jabón a la mano, toalla, ropa y pañal listo, preparamos la mini tina con agua a la temperatura adecuada para elle. Papá estaba un poco asustado pero listo para la acción. A mi me sudaba todo pero los videos de internet me habían dejado claro lo que tenía que hacer.

Colocamos a Celeste de forma sutil con todo el amor y cuidado que le brindamos cada día. Solo al tocar el agua con sus pies se desató una tormenta de gritos y llantos. Su piel se tornó de color rojizo como el fuego por su llanto. 😮 Creo que no fue el momento adecuado para elle. Tal vez tenía hambre y no quería bañarse. Nos habíamos asegurado de la temperatura tanto del espacio como del agua. Entendíamos que todo era adecuado pero luego de intentar calmarla un poco, hablarle y tratar de explicarle lo que estaba experimentando terminamos de bañarle. La acurrucamos en la toalla y luego de darle el pecho todo regresó a la tranquilidad. Su olor se fundió con el del jabón y comenzó lo que en los próximos baños ha sido todo una diversión y un abrazo al agua.
