
Querido lector
La primera vez que fuimos a un museo junto a Celeste quedamos sorprendidos, fue todo muy fluido. Nos sirvió de ensayo y nos abrió las posibilidades a nuevas aventuras. Tomando de partida esa experiencia, decidimos sacar una tarde para visitar el Museo de Arte de Puerto Rico. El MAPR es un espacio mucho más grande, cuenta con diversidad de obras e incluso tiene un patio hermoso donde se puede pasar el rato en compañía de obras de arte y rodeado de naturaleza. Esta vez nos acompañaron una pareja de amigos muy queridos, eso ponía el escenario un poco más retante… aunque para hablar claro andaban en su carro y en cualquier momento se podían ir y dejarnos allí. *spoiler* No pasó.
El Museo de Arte de Puerto Rico cuenta con tres pisos llenos de arte de diversas épocas y recoge algunas de las obras más importantes de artistas puertorriqueños. También cuenta con una sala dedicada sólo para niños para la cual Celeste era aún muy pequeña. Recién habían abierto una Expo y decidimos ir exclusivamente a verla. A diferencia del primer museo que visitamos este museo no solo es más grande si no que sus salas están todas en el interior de un edificio. conectadas por areas comunes o pasillos.
Eso no nos impidió que preparáramos el coche (stroller), el bulto y lo cargamos con todas las cosas, sin faltar nada en especial su comida. Para esta ocasión decidimos visitar el museo con el coche en vez de con el carrier, no obstante como todo una mamá pollito lo lleve por eso de. Que no falte Rolando que es una clave importante en el escenario. Emprendimos nuestro viaje hacia el museo. Visitamos la Expo que comprendía sólo dos salas y aprovechamos para ir al jardín que nunca está de más apreciar tal belleza. Al llegar al museo bajamos a Celeste del carro, la colocamos en el coche y pronto nos encontramos con nuestro amigos. Debían de vernos parecíamos una escena de película… Rolando y yo con un recién nacido y nuestros amigos en sus primeros meses de gestación, la primera cría… que combo. Luego de brindarnos las banditas oficiales, nos dirigimos de forma muy emocionada a la primera sala. Todo el mundo nos miraba y de primeras se fijaban en la gran Celeste.
Celeste se vea tan sutil, pequeñe y observadore.
Claro está, aún estábamos en pandemia y todo el mundo andaba con mascarillas por lo cual se me hacía muy difícil identificar las facciones de las personas pero a través de los ojos de muches me di cuenta que me miraban muy extraño. Celeste es pequeñe y sobre ello contamos con un coche que no tiene los adapter de recién nacido o de bebé pequeño. No se alarmen estaba completamente segura.
Luego de una media hora de haber llegado al museo, Celeste comienza a incomodarse. Comience a darle vueltas por la sala para que se tranquilizara un poco. Para poder apreciar una obra tenía que darle tres vueltas a Celestes y entre ello entonces ir viendo los detalles. Nos fuimos turnando con el coche hasta llegar a la segunda sala. Ya las vueltas o el movimiento constante no era suficiente para Celeste así que le sacamos del coche y le puse en el carrier, luego de algunas obras, aún seguía inquieta… si no es que quiere movimiento, no quiere estar en brazos, su pañal está limpio, no queda otra opción que la teta. ¡Así fue!
La sala se comenzó a llenar de los pequeños gemidos de Celeste. Los ojos me comenzaron a mirar más raro aún. Así que me movilice fuera del espacio de la galería a un lugar de transición entre salas. Allí pude darle de comer a Celeste y logré calmar su necesidad. Luego, todo fluyó como lo habíamos estado haciendo. Volvió a su coche, vimos el resto de la Expo y el patio lo recorrió sin ningún inconveniente apreciando las cosas nuevas que le rodeaban. La tarde terminó acompañada de unos ricos mangos que encontramos en un árbol del jardín y luego pasamos a llenar las barriguitas de mamá y papá.
La clave que mueve nuestras aventuras es no tener expectativas pero sí la comida necesaria.
Obra en la foto - Geo Dis/connect 5 por Nayda Collazo-Llorens