
Saludos a todos,
En el día de hoy estaremos abordando el tema de lo difícil que es trabajar para otras personas cuando lo único que deseas es quedarte maternando y disfrutar lo rápido que crecen les peques. Un formato similar es el que utilizo cada vez que llego al salón a brindar mis dos clases semanales. No pasa mucho cuando recuerdo alguna de las primeras citas que tuvimos con nuestra doula y las conversaciones sobre volver a trabajar.
Antes de estar embarazada ya me estaba topando con una realidad distinta a la que había vivido varios años. Comencé a cuestionar mi rol como diseñadora y si deseaba seguir trabajando de lleno en lo que en algún momento fue un mi trabajo de ensueño. Cuando comenzó el embarazo esa dudas se hicieron más presente y eso junto a los cuestionamientos económicos generaron largas conversaciones entre, la doula, Rolando y yo. Se habló de la Charlotte super trabajadora, exigente y puntual. Quien se llenaba de ansiedad por ser super puntual a niveles de afectar su salud. La misma que se fue transformando, no para dejarlo de ser pero si para brindarle mayor importancia a su salud física y emocional.
Cuando Celeste estaba aún en su hotel 5 estrellas (osea, en el útero) yo no sabía lo mucho que me costaría regresar a laborar. No fue hasta su llegada que me di cuenta de lo mucho que me apasiona estar con elle y aunque fuera y sigue siendo difícil, disfruto cada instante. Tuve la oportunidad de estar 7.5 meses en casa de lleno maternando y a partir de agosto 2021 comencé a brindar una clase de forma virtual, a una puerta de distancia de Celeste. Excelente transición para en enero comenzar a trabajar de forma presencial brindando dos clases.
El preparase es una cosa y la realidad es otra completamente distintas. En las vacaciones de navidad realizamos varios ensayos donde visitaba a mamí (cuido actual de Celeste) para que se fuera familiarizando con el entorno sin mi. Había momentos donde me iba y al momento de la siesta era la abuela quien se encargaba de trabajar. Eso bastante a tal nivel que el primer dia de clases fue bastante llevadero la despedida. Al comenzar a trabajar hubo momentos de mucha frustración y desespero. El tiempo se desvanece y las sientas se sienten como si fueran 5 minutos los cuales no te dan para abrir ni la computadora. Pero aún con los sentimientos encontrados comencé a generar otros dos proyectos. El primero es este espacio donde les comparto y busco empatizar con aquellos que andan en el mismo camino y el segundo muy pronto les contaré.
A pesar de considerarme una persona, fuerte, valiente y capaz de lograr muchas cosas, también aceptó que las cosas nuevas me dan mucho miedo y que hay momentos donde pienso mucho, antes de hacer. Para realizar la transición pase mucho tiempo cuestionando cómo estaría Celeste dado a que no deseaba que fuera una tradición emocionalmente fuerte. Mi corazón se llenaba de tristeza cada vez que pensaba en alejarme de su lado. No obstante los primeros días me di cuenta que nos hacía bien a ambas. Aunque le escuchaba llorar extrañando su teta, sabía que el resto del tiempo estaba disfrutando y pasándola bien. De ahí fuimos entendiendo que la teta no siempre podía estar presente a la hora de la sienta y los llantos fueron disminuyendo. Llegó el invierno y volvimos a estar mucho más tiempo con mamá. En ese lapso de tiempo, aprendimos muchas cosas, las exploración se hicieron más interesantes dado a que ya nos levantábamos y dábamos nuestros primeros pasos.
Con ello llegó enero y recién cumpliendo un año comenzamos a caminar. Acción que desarrolló un nivel de independencia interesante. Este semestre las cosas cambiaron y ya no era una puerta de distancia sino que eran varias millas de distancia. Para mi sorpresa Celeste entendía y comprendía que mamá tenía que ir al trabajo y la transición fue sutil, llevadera y más dolorosa para mi que para elle.
Con mi vida laboral “establecida”. Entró también el desarrollo de proyectos personales los cuales me llenan de mucha ilusión pero también de mucho trabajo. El trabajo que a veces pienso que es demasiado mientras materno, pero no lo es, pues conozco de muchas mujeres que han logrado esto y mucho más. No obstante el desánimo de vez en cuando me toca la puerta.
De forma curiosa antes de la llegada de Celeste el último semestre que brinde clase fue en ago-sep 2020 y a partir de ahí yo congele mi línea del tiempo institucional. Al regresar en agosto para ser sincera no considero que estaba en mi 100% como profesora pues en verdad fue un semestre de mucho trabajo emocional y organizacional. No fue hasta noviembre donde se volvió a despertar en mí la pasión por la enseñanza y se produjo esa reconexión. Al entrar en enero comienzo a sentir un aura estudiantil muy distinta a la cual yo estaba acostumbrada a sentir. Los estudiantes no se sienten apasionados, es como si fueran zombies andantes por ahí.
Los estudiantes son la gasolina de los profesores.
Estas son palabras que pueden tener muchas interpretaciones y muchos puntos de vista pero para mi es de suma importancia que elles se sientan deseosos por aprender. Que en sus miradas esté ese brillo que dice “No sé lo que me estás diciendo pero lo voy a entender en el proceso”. Esa mirada me hace falta. Eso que, te hace tener un poco más de fuerza de seguir educando.
De a poco me he ido ajustando a las nuevas rutinas y se han abierto espacios para estar a solas y poder dedicar tiempo a los proyectos. Aún me falta seguir trabajando en la distribución del tiempo pero al igual que muchas cosas, es un trabajo continuo.