June 29, 2023

8vo aniversario

Querido lector

Primera parte

El día comenzó con un beso, un abrazo y con el recuerdo de hace 8 años. Un 5 de mayo nos hicimos novios luego de una larga conversación y de estipular varios puntos. Algunos de ustedes conocerán como soy. Este año celebramos dando gracias por todo lo que hemos vivido juntos y todo lo que viviremos abrazados de Celeste, desde otro punto de vista, desde otro romanticismo.

Este año éramos tres y ese día me quedé junto a Celeste mientras Rolando trabajaba en su taller. En el transcurso fui organizando algunas pequeñas cositas en casa para que el ambiente se sintiera más afable cuando Rolando llegara. Los planes no eran muy pomposos pero eran lo suficiente para celebrar las altas y bajas, los momentos de risa y tristeza que hemos tenido a lo largo de este tiempo de acompañamiento. No esperaba mucho del día; aún descifraba como hacer las cosas de la casa junto, a maternal. Por lo cual, con que la casa se viera organizada era suficiente para pasar la tarde de celebración. En el proceso de estar trabajando con Celeste, tocan la puerta inesperadamente. Era un delivery de rosas y chocolates pero lo mejor era que venía acompañado de una video llamada. Agradecida con la suegra quien se prestó para ello, sin mucho que decir (por que rápido me pongo panchosa) tome las flores y di miles de gracias. Rolando con sus ocurrencias…

No suelen ser muchas las sorpresas que Rolando me da por ello cuando me sorprende lo hace doblemente. El día no terminó ahí, era verdad que este año nos enfrentamos a una nueva forma de celebración pero aprovechamos para celebrar con comida mandada a buscar y traída directo a casa. Como Rolando pocas veces le gusta tomar decisión con relación a la comida me dejo el tostón de seleccionar donde comeriamos. Me dirigí a la aplicación y allí recibí el regalo de 2x1, facilitándome la decisión. El menú terminó siendo un rico mofongo con churrasco, dos bistec con papas y arroz. A la luz de una que otra vela y en compañía de Celeste.

La celebración fue extendida y esta vez fui yo quien sorprendí a Rolando.

14 de septiembre de 2021

Segunda parte

La vida es sumamente curiosa; a pesar de haber tenido la experiencia que te contaré meses atrás, no es hasta hoy que me siento a escribir. Hoy es el cumpleaños de Rolando y es hermoso celebrarlo y disfrutar el cumplir 8 años de mucho crecimiento, de soportarnos, querernos, llorar, festejar el mismo año que él cumple 35 vueltas al sol.

Le mencioné que estaba en el pico de su vida y su respuesta fue

“Esa palabra pico, no me gusta. Yo creo que el pico son los 90 años.”


Pero volviendo a lo que les vine a contar. Nuestro aniversario es el 5 de mayo, día que se celebra la Batalla de Puebla de México. Este año se sumó un bebe de 4 meses. Eso significa que esta escritora aún estaba (creó que lo sigo estando) intentando entender cómo trabajar con un bebe y no contaba con ningún plan aniversario. Solo sabía que Rolando tenía que ir a trabajar y me tocaba llevarlo y buscarlo. Entre cuidar a Celeste y el pasar del día se me ocurrió realizar un mini picnic y que aunque no fuera lo super planeado lo que importaba era el detalle y pasarla bien.

El lugar ya estaba, que mejor que el Morro a pasos de donde Rolando se encontraba. En adición era el lugar donde tuvo lugar nuestro romance desde el inicio. A partir de ahí se dio el mediodía. Saque ropa para Celeste y para mi, organice algunas cosas para ambientalizar. Entre cosa y cosa, se me ocurrió que podía comprar un bizcocho para celebrar. Pero no era cualquier bizcocho, era uno de mantecado. Recién habíamos descubierto una heladería y estábamos enamorados de sus productos, pero nos faltaba probar el bizcocho. Así que me lancé a comprar el bizcocho y llegué con sorpresa.

Quiero realizar una pausa para dar un poco más de contesto. Para esos momentos aún estaba cogiéndole el piso a la rutina de salir con Celeste a solas. Así que agarré algunas cosas extra y salí; estaba un poco contra el reloj. Para aquellos que no sabes (y yo lo he descubierto en el trayecto) cuando se anda con un bebe tienes que salir una hora antes de lo pautado por si ocurren paradas inesperadas o no planificadas.

Ahora es que la historia se pone buena. El bizcocho era de mantecado, y bien especificaba en las instrucciones que se recomendaba llevar un cooler. Por ello me lleve una lonchera para mantenerlo a temperatura. Lo que no me percaté fue que el bizcocho tenía caja y la misma no cabía en la lonchera. Como madre primeriza uno tiene 20 cosas en la mente y las matemáticas me fallaron bastante. La Charlotte del pasado fue quien rescato el día ya que había metido en el carro una bolsa térmica donde entraba el bizcocho con la caja y unos pad de hielo.


Me monté en el carro quedando solo 15 minutos para que Rolando saliera. Comencé a tomar las luces de camino a donde se encontraba y con un poco de tapón y Celeste un poquito inquiete, el tiempo se acortaba y el trayecto se alargaba. Rolando llama y me las invento para dejarle saber que me atrase un poco pero que ya estoy llegando, sin que se encterara que tramaba algo. Al llegar a Viejo San Juan y lograr conseguir estacionamiento, no sabía ni que cara poner al rolando decirme que ya nos íbamos para casa. Solo le dije, aguanta aquí, dándole la borsa termica con el bizcocho y el hielo) vamos a esperar a que baje un poco el tapon.

Nos movilizamos al spot donde mejor se podía ver el atardecer y que no frecuentan tantas personas… aún seguimos en covid. Es cuando me recuerdo del segundo factor, al comprar un bizcocho de mantecado para un picnic; El clima calientito de la Isla y con ello el sol intenso del Morro.

La misión de sorprender a Rol la había logrado pero era tanta la sorpresa que hasta yo estaba sorprendida de la locura que acaba de realizar. Traer un bizcocho de mantecado de 8” de diámetro y 3” de alto solo para dos personas. Celeste no nos podía ayudar en esta.

Con el sol y las hormigas en contra nos comenzamos a comer el bizcocho hasta que casi no pudimos más. Llamamos a una persona que sabíamos que estaba en el área pero no contestó, lo cual nos dejaba con dos opciones, o nos comíamos como glotones lo que quedaba o la mitad del bizcocho se perdía en el zafacón. En ese momento me recordé que tenia un recipiente de cristal donde el resto del bizcocho me cabía si el mantecado estaba en su forma líquida. De ahí lo podríamos poner en freezer y luego de congelarse tener de vuelta el resto del bizcocho. Así fue que sucedió, metimos lo que sobró y pasamos el resto de la tarde viendo el atardecer. Una vez en casa nos sentamos, junto a la risa de la locura que había sucedido a comernos el bizcocho. Fue una sorpresa que desató muchas risas, placer y recuerdos inolvidables.

8 de agosto de 2021


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